Pensar en querer y volver a conocerme enamorada es como nadar a través del mar y sus azules depresiones, ancla que me hunde al fondo. Quiero volver a tocar el cielo, y dejar de sentir el piso bajo mis pies. Ansío con verdadera impaciencia, sentir de nuevo el rose del amar, como si fuese lo único que existe. A veces quisiera que el amor no fuera esa fuerza que me mantiene viva. Quisiera fuese viento y palabras, que el tiempo logrará esquivar de mis recuerdos más latentes. Ansío, no te equivoques. Avanzar nunca ha sido fácil para mí, es como caminar cuesta arriba y sentir lo eterno de la caída. Porque todo cae, termina, se incendia. Y yo muero un poco cada vez que siento el desdén de adiós, aunque un "adiós" ante mi nunca he tenido. Pero les digo Adiós en cada poema que escribo.
Me mudé de casa. Te mudaste de mi casa. Dejaste las maletas, tu aroma en la almohada, esa silueta en mi cama. Me mudé de casa, del lugar que mío fué siete por primaveras y tuyas mis noches enteras. Nos mudamos, se quedó solo el lugar que tantas veces llamé hogar. Entre polvo y desaire, dejamos los recuerdos y la casa vacía. El cuadro que pinté con los colores de ayer, hoy se destiñen en olvido. Quema la casa, el hogar. Entierra los (d)años. Y en mudanzas, quedarán solo los peldaños.
Perdón por abandonar lo único que le da sentido a mi vida solo por sentir que me ahogo. Escribo solo para sobrellevar esta vida que pesa, y late en mis manos. Me traiciono a mí misma si no grito en sílabas, que laten y sangran todas las palabras que por miedo no pronuncié. Las escupo en forma de poesia, a ver si salpico un poco a su vida y al fin les duela como me dolió a mí, que quede evidencia de lo jodido que ha sido mi paso por el mundo y por todas las vidas que he tenido que cruzar para saberme quien soy. Samaria Flores
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